Perú

Perú

Wednesday, August 28, 2013

Siempre trato de ser feliz


 
William Shakespeare decía: Siempre me siento feliz, ¿sabes porqué?. Porque no espero nada de nadie; esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución, lo único que no se resuelve es la muerte. No permitas que nadie te insulte, te humille o te baje la autoestima. Los gritos son el alma de los cobardes, de los que no tienen razón. Siempre encontraremos gente que te quiere culpar de sus fracasos, y cada quien tiene lo que se merece. Hay que ser fuertes y levantarse de los tropiezos que nos pone la vida, para avisarnos que después de un túnel oscuro y lleno de soledad, vienen cosas muy buenas. “No hay mal que por bien no venga”.  Por eso, disfruta la vida que es muy corta, por eso ámala, se feliz y siempre sonríe. Solo vive intensamente para ti y por ti. Recuerda: Antes de discutir…respira; antes de hablar…escucha; antes de escribir…piensa; antes de herir…siente; antes de rendirte…intenta; antes de morir…VIVE.  La mejor relación no es aquella que une a personas perfectas, sino aquella en que cada individuo aprende a vivir con los defectos de los demás y a admirar sus cualidades. Que quien no valora lo que tiene, algún día se lamentará por haber perdido y que quien hace mal algún día recibirá su merecido. Si quieres ser feliz haz feliz a alguien, si quieres recibir, da un poco de ti, rodeate de buenas personas y sé una de ellas. Recuerda, a veces de quien menos esperas es quien te hará vivir buenas experiencias¡. Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro. Una persona fuerte sabe cómo mantener en orden su vida. Aún con lágrimas en los ojos, se las arregla para decir con una sonrisa “Estoy bien”.



Sunday, August 25, 2013

Sigo buscando trabajo


Continúo en mi búsqueda de empleo y debo admitir que no es fácil; hacerlo significa una búsqueda a tiempo completo, por ello los tengo tan descuidados, amigos discúlpenme; pero que le vamos a hacer, lo que si les digo es que escribirles estas cortas líneas me ánima y ayuda a no salirme o desviarme de mi propósito, también mi confianza en Dios, porque aunque he presentado varias entrevistas y he quedado de finalista no he sido seleccionada, una vez quede entre los 4 finales, el viernes supe que estaba entre las dos finales, pero no pude estar en la final debido a que ya estoy viviendo en Montréal, en dónde me dicen mis chances serán mayores al haber más inmigrantes y ser una ciudad de mayor tamaño. Yo la verdad no sé, lo único que sé es que si aquí estoy es porque obedezco a planes mayores que el Señor tiene para mi, por tanto no me desánimo al contrario trato de interpretar sus señales. Cómo de que ya es hora de que intente en una dirección diferente.  Al ser inmigrante y tener un fuerte acento, tanto en Inglés como en Francés, la falta de experiencia en el país, la dificultad en el reconocimiento de mi educación y la homologación, dificultan un poco la cosa, pero hay algo con lo que nadie cuenta y es mi absoluta confianza en Dios y luego en mi misma, que estoy segura no hay barrera que no pueda superar, es sólo cuestión de tiempo, lo que no ha sido no era para mí y lo que será...será.  En mi ultima entrevista y dado de que porto con migo mi crucifijo y mi medalla del Carmen, se me preguntó ( puesto que era para ser Interventora Escolar en barrios desfavorecidos cuya   mayor población es de Arabes), si estaba dispuesta a remover la cruz de mi cuello ya que podría ir en contra de la " tenue vestimentaire", por tanto yo no tengo nada en contra de quienes portan mantones y pañoletas para cubrir sus cabezas e incluso una de las muchachas que fue seleccionada llevaba el pelo de todos los colores y tatuajes por todas partes del cuerpo. Entonces porque ser yo, quien ofende por portar al cuello quien en todo momento me acompaña dentro de mi corazón.  Realmente ese trabajo no era para mi y así lo supe interpretar.
Vendrán cosas mejores, estoy segura de ello, solo debo ser paciente y esperar!

Wednesday, August 14, 2013

Cómo corregir a nuestros hijos




Nos dice nuestro Señor que "si un hermano peca -o sea, falla en cualquier cosa de moral o dignidad en su comportamiento- repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano". Con esto nos está diciendo el Señor que la corrección es un bien y un servicio que se hace al prójimo. Pero aquí también hay reglas del juego, y hemos de tenerlas muy en cuenta para practicar cristianamente estos consejos de nuestro Señor. Veamos algunas de ellas.

La primera es que, antes de corregir a los propios hijos o a nuestros educandos, debemos estar muy atentos nosotros para no faltar o equivocarnos en aquello mismo que corregimos a los demás; y, por tanto, el que corrige -ya se trate de un maestro, de un educador y, con mayor razón, de un padre o madre de familia- debe hacerlo primero con el propio testimonio de vida y ejemplo de virtud, y después también podrá hacerlo con la palabra y el consejo. Nunca mejor que en estas circunstancias hemos de tener presente el sabio proverbio popular de que "las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra". Las personas –sobre todo los niños, los adolescentes y los jóvenes– se dejan persuadir con mayor facilidad cuando ven un buen ejemplo que cuando escuchan una palabra de corrección o una llamada al orden.

La segunda regla es que, al corregir, hemos de ser muy benévolos y respetuosos con las personas, sin humillarlas ni abochornarlas jamás, y mucho menos en público. ¡Cuántas veces un joven llega a sufrir graves lesiones en su psicología y afectividad por una educación errada! Y es un hecho que muchos hombres han quedado marcados con graves complejos, nunca superados, a causa de las humillaciones y atropellos que sufrieron en su infancia por parte de quienes ejercían la autoridad. Y no digo yo que no hay que corregir a los niños -dizque para no traumarlos, pero sí que hay formas y formas. 

Espero poder guiar a mis hijos y alumnos, siempre con el buen ejemplo y tener la virtud de la templanza, siendo y empleando la palabra justa en el momento adecuado, sin ofender pero siendo firme y reconociendo lo bueno de lo malo sin agredir ni hacer daño.