Wednesday, October 28, 2009

Creencias de los Indios Chibchas



Creían que en el principio de los tiempos el mundo estaba sumergido en tinieblas. Un ser supremo retenía la luz y súbitamente empezó a emitir los primeros rayos y dio principio a la creación haciendo que unas aves negras surcasen los espacios repartiendo aire luminoso por sus picos. El mismo ser omnipotente creó el sol, la luna, las estrellas y todo cuanto existe. El sol o Sua y su esposa la luna o Chía, fueron objeto de rendida veneración. El primero era el padre de la vida y como tal regalaba alegría, fecundidad, bienestar. La luna con su pálida faz les inspiraba emoción sagrada, amor, encanto ante los fenómenos de la naturaleza.

El origen del hombre lo situaban en las aguas: de una laguna próxima a Tunja había salido una mujer llamada Bachué o “la mujer buena”, acompañada de un niño de tres años. Cuando creció se desposó con él y de esa pareja descendieron todos ellos. Bachué les enseñó lecciones muy sabias en todo sentido y ya anciana se dirigió con su marido a la laguna y ambos, convertidos en serpientes, se lanzaron a ella.




Bochica fue otro personaje fundamental. Hombre de gran sabiduría, había aparecido por el oriente y les enseñó amor al trabajo, réspeto a las leyes y honestidad. De él aprendieron a tejer, a construir las viviendas, a comerciar. Una mujer mala (Chíe) les hizo olvidar las normas del profeta e introdujo la corrupción. Como castigo la sabana se inundó hasta convertirse en un mar. Bochica escuchó las súplicas angustiosas y se presentó sobre el arco iris y dijo: “Abriré una brecha por donde salgan las aguas y quede libre vuestra tierra”. Y al decir esto arrojó una vara de oro que abrió el cauce formidable del Salto del Tequendama.

Enviado de Bochica fue Nemqueteba, quien les predicó sobre la inmortalidad del alma, los premios y castigos de ultratumba, de la resurrección, a la vez que perfeccionó las normas dictadas por su antecesor.

Fuera de las deidades citadas rendían culto al arco iris, al espíritu del mal, al dios de la embriaguez y de tal modo sus divinidades eran numerosas que cada indio podía inventarse a quien idolatrar a su antojo ya fuera para cada actividad, en presencia de males e infortunios o para pedir a su capricho cuanto desease.

Al lado de las lagunas no faltaron los adoratorios, como el famoso templo de Sugamuxi consagrado al sol y memorable por las riquezas que albergaba.

El culto de los muertos tenía características especiales: si el hombre estaba formado de una parte corruptible y otra inmortal, ésta emprendía un viaje larguísimo. De aquí la costumbre de rodear los cadáveres de ollas con alimentos, de chicha, mantas y objetos de oro según se desprende del hallazgo de tumbas o guacas, ricas o pobres según las condiciones económicas del difunto. Dominaban el arte de embalsamar hasta el punto de que hoy se conservan en museos, como el Nacional de Bogotá, momias en impresionante estado de conservación. Conjuntamente con los caciques eran sepultados sus esclavos preferidos y sus mujeres Los sacerdotes o jeques eran llevados a lugares secretos que nadie podía revelar. Al pie de la sepulturas se entonaban cánticos y se bebía chicha por espacio de varios días.

El entierro del zipa colocado en un asiento forrado de oro adornado magníficamente, constituía un hecho soberbio.

La muerte era para los Chibchas pensamiento obsesionante y la simbolizaban en una figura que llevaba en las manos una red dispuesta a aprisionar a quien escogiese.

El código de Nemequene y las enseñanzas de Bochica y de Nemqueteba formaron a la comunidad y la condujeron conforme a altos principios. La familia estaba integrada por el padre, la madre y los hijos. El matrimonio se efectuaba por compra: el pretendiente ofrecía por su compañera un bulto de maíz, un venado u otras especies, según su condición. Entre los jefes existía la poligamia o unión con varias mujeres. Mientras el varón se dedicaba a la agricultura, la minería, la caza, la pesca, etc., la mujer preparaba los alimentos, tejía, cuidaba los niños, fabricaba la chicha.

3 comments:

  1. MariCarmen,esas leyendas sobre la creación del mundo,las lagunas y el bien y el mal,todo ambientado en la naturaleza de donde surgía el ser humano para enseñar y transformar,son muy interesantes..

    El hombre siempre se ha basado en los símbolos de la naturaleza para emular a un creador o responsable de la vida.. Quizá porque lleva inscrito en su espíritu su hálito divino,que le hace intuir de dónde viene..

    Todas las culturas tienen sus leyendas,que son principio de cultura y religión.

    Mi felicitación y mi abrazo amiga
    M.Jesús

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  2. M. de Jesús, muy oportuno tu comentario, te das cuenta que además todas las culturas tienen siempre su leyenda de la creación que coincide en muchos aspectos en sus asociaciones. Por ejemplo el Diluvio Universal, tambien relatado en la Biblia, muchas otras culturas lo tienen tambien con otras particularidades.

    Un fuerte abrazo, amiga.
    Maricarmen.

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  3. Pues dudo fuertemente de esta información... porque mucho se basa en los relatos de españoles y es bien sabido que ellos tergiversaron las creencias... para comprender los relatos originales habría que aprender el idioma original y saber realmente de lo que hablan... un nativo ha dicho que ellos en sí no creen en un ser supremo, Dios o dioses, que el mensaje ha sido tergiversado por no comprender la lengua.

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